Para muchas culturas las montañas han sido y son lugares sagrados. Tierras que separan naciones y unen pueblos, lugares donde el hombre percibe fuerzas que apenas entiende y que sintiendo su intensidad,"se siente" libre. Y así busca su fuerza, su energía, su placer, en las alturas, en los vientos, en los colores, en los otros. Compartiendo el mundo con los dioses...Y yo me incluyo.
He aquí algunos de esos momentos
Está claro que el cambio climático no es una línea continua, tiene sus dientes de sierra. Llevamos asi tres meses en los que habrá habido un par de fines de semana con buen tiempo, y estos con mucha nieve, con riesgo de aludes muy alto, limitando mucho las posibilidades. Así que, dentro de ellas, he aquí un pequeño repertorio de los momenticos que esta sucesión de borrascas me ha permitido.
Salimos de este pueblo hippie que es Famara por senderos y caminos entre dunas que bordean el mar. A veces el suelo es pura arena de playa, lo que nos hace ir bastante lentos. Tras pasar otro pueblo hippie, La Santa, también construido de cara al mar, nos cruzamos a los primeros turistas, subiendo a estos volcanes, de color marrón rojizo/ocre oscuro,a veces por desgracia , en sus quads.Menos mal que sus guías los frenaban al cruzarnos para no llenarnos de polvo.A continuación entramos en zona de cultivos, de superficie lisa y uniforme, preparada a máquina que los deja perfectos.
En un momento dado nos vemos rodeados de lava petrificada:Estamos en Timanfaya, por una senda que se acaba convirtiendo en camino y después en profunda trinchera, dentro de un mar de rocas volcánicas organizadas en un caos imposible. Estamos en lo que, para mí, sería la parte más bonita de todo el viaje, los senderos y el entorno son de auténtica ciencia ficción. Aquí todo es negro: los senderos, los alrededores y los volcanes que nos rodean.
Tinanfaya
Pasamos después al terreno que aquí llaman Las Gerias,vides protegidas por un círculo casi completo de piedras, pero después estás se esconden en el fondo de un mar de cráteres donde todo vuelve a ser muy negro y , a veces, el terreno de arena azabache, se hace difícil de ciclar, Pero nos da igual, nos maravilla el lugar
Finalmente, tras pasar el pueblo de Breñas enfilamos el último descenso,un increíble sendero de 5 kilómetros de flow entre rocas negro-rojizas que nos dejará en Playa Blanca
Y al final llega nuestra última y quinta etapa. En ella atravesamos Los Ajaches, la cordillera más abrupta y antigua de la isla. Iremos cerca del mar, aunque lo vemos solo a veces, con continuas subidas y bajadas por barrancos, algunos muy abruptos, que a veces nos harán empujar la bici.
Resultó ser la etapa más salvaje de todas, donde todo este entorno que tantas veces he descrito como marciano cobra aquí su máxima expresión.
Los Ajaches
Después de atravesar infinidad de estos barrancos, acabamos uniendo senderos hasta llegar a la civilización, lo que se me hizo la parte más pesada de la ruta. Muchos bares donde predomina el turismo inglés. Después de lo vivido, nos sentíamos como auténticos marcianos. Llegamos finalmente al hotel en Playa del Carmen felices, veníamos a buscar un entorno diferente y ha superado nuestras expectativas. ¿Qué más se puede pedir?
Como otras veces, aprovechamos el invierno para recorrer el interior peninsular. Nos gusta esta luz rasa, que hace más nítidos los detalles de sus palacios y castillos, y el frío nos recuerda lo duro que puede ser vivir en estas tierras; pero también nos hace disfrutar más de su gastronomía, pensada para sobrellevar mejor estos rigores, y de una tradición varias veces centenaria. Nos empaparemos de la historia del Reino de Aragón, empezando por Daroca, en la actual provincia de Zaragoza; disfrutaremos del mozárabe turolense y del ambiente medieval de Cuenca, de Sigüenza y de Soria, aunque estas dos últimas visitas tal vez deban ser contadas en otra ocasión.
Puerta de Abajo de Daroca
Arriba y abajo, Albarracín
Arriba y abajo, Torre de El Salvador. Teruel
Torre de San Martín.Teruel
Paseo del Júcar en Cuenca
Catedral de Cuenca
Cuenca de noche
Arriba y abajo, las famosas casas colgantes
Parador de Sigüenza, entre árabes y cristianos, 13 siglos de historia nos contemplan