Hace años que me andaba por la cabeza la idea de intentar la integral de los tresmiles de Sierra Nevada: ascender sus tresmiles por el cordal, y por fin este año los astros se alinearon para ello.
Arrancamos el primer día desde el refugio de Postero Alto, al que llegamos el día anterior a través de una buena kilometrada por asfalto y, sobre todo, por pista, hasta este refugio situado a 2.100 metros de altura en la vertiente norte de la sierra, aproximadamente entre la unión del tercio occidental con el central.
Salimos porteando. La previsión es de mucho hielo en altura debido a los muchos días de intensos vientos de más de 100 kilómetros por hora, pero sin embargo, con cuchillas y por las pendientes suaves, esto nos permite ascender sin complicaciones.
Sin embargo, ya desde la mañana el viento sopla bien y la calima se ha instalado, reduciendo mucho la visibilidad. Esto nos hace continuar por un collado más bajo de lo previsto, llamado la Piedra de los Ladrones. Y en estas condiciones, iniciamos un descenso por largas laderas por el valle de Trevélez. La visibilidad nos impide ver el mar, que según Jesús, lo teníamos delante
Sin embargo, bajamos esquiando hasta unos metros del Cortijo de los Horcajos, donde Jesús, nuestro guía, ha habilitado una cabaña de pastores de su familia a 2.500 metros, formada por varias estancias que ha rehabilitado con placas solares y wifi, que desgraciadamente el viento había arrancado unos días antes. lo tiene preparado con colchones, edredones, a todo lujo, y donde nos esperaba una pata de jamón de Trevélez, pan de pueblo, buen vino y un guiso de lentejas. Difícil de creer en semejante lugar
Nuestro segundo día amanece con buen tiempo. Vamos avanzando tras un corto porteo por el Valle del Goterón; sin embargo, se vuelve a instaurar el viento intenso y la calima, aunque menos que el día anterior. El ritmo es lento y mi compañero de viaje, el alemán Ralph, no va bien. Así que, llegado un momento, con la Alcazaba y el Mulhacén que se ven a medias , me anima a que continúe solo. Con toda la prisa que puedo, tiro hacia la Alcazaba , con mucho viento que me complica mucho la transición para bajar y me impide disfrutar de este momento de cumbres solitarias.
Llevamos ya dos días y no hemos visto ni una huella de esquís ni de gente andando. Esto es tremendamente solitario.
Como digo, sin perder tiempo y con mucho viento, inicio el descenso por nieve dura e irregular, pero en laderas suaves, hasta unirme a mis compañeros Jesús y Ralph para empezar un fabuloso descenso por nieve primavera y tonos ocres, por la arena del desierto, hasta una acequia, donde, empalmando algún leve nevero y con los esquís a la espalda, llegamos a Trevélez.
La idea era continuar ese día al refugio de Poqueira, pero está cerrado por obras. Sin embargo, esto permitió un momento mágico: poder llegar,vestidos de romanos después de salir dos días antes de Pamplona, a un pueblito andaluz con las típicas casitas blancas, una cosa curiosa y que me encantó.

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