Para muchas culturas las montañas han sido y son lugares sagrados. Tierras que separan naciones y unen pueblos, lugares donde el hombre percibe fuerzas que apenas entiende y que sintiendo su intensidad,"se siente" libre. Y así busca su fuerza, su energía, su placer, en las alturas, en los vientos, en los colores, en los otros. Compartiendo el mundo con los dioses...Y yo me incluyo.
He aquí algunos de esos momentos
Último día de la última temporada de esquí, en un montañón que me encanta: la Peña Sabocos.
Ha sido una temporada rara. En esta inexorable tendencia a que la temporada de esquí se acorte, ha sido un año de mucha, mucha nieve, sin frío y con una sucesión continua de borrascas que han hecho que no hayamos podido aprovechar tanta nieve, aparte de largas temporadas en situaciones de alto riesgo, con muchos accidentes mortales.
....Entre ellos Jorge García Dihinx, lo que nos acordamos de el....
Sin embargo, hemos podido alargar la temporada como hacía muchos años que no se podía.
Hacer una cumbre nueva en el Balneario de Panticosa para mí tiene su aquel. Y esta fue el Forátulas.
El recorrido no lo elegimos bien. Las condiciones fueron perfectas, pero tuvimos un flanqueo en una media ladera pendiente, rodeada de paredes, que hacen de este lugar una ratonera con más nieve.
Luego leí en el blog de García Dihinx que la subida era por donde nosotros bajamos, por el bosque de Forátulas, que nosotros nos lo encontramos con bastante nieve para esta época del año, pero con esos calores, en cualquier momento se abrían grietas imposibles de ver desde arriba, que ocultaban o un hueco negro, o pedruscones, arroyos o raíces, que nos impidió disfrutar como se merecía semejante bajada.
Quince minutos de porteo y en camiseta de principio a fin, lo que supone temperatura agradable, pero mala nieve, profunda y húmeda. Aun así, llegamos abajo bastante antes de la hora del vermut. ¡Con lo que cuesta subir!
No podía pasar un año sin subir a estos dos montes. En un día entre semana, sin gente, en camiseta y con mucha nieve para esta época del año. El Portalet siempre es un disfrute. Con los esquís puestos y quitándolos solo para despegar las focas; un lujo.
El Sacroux es un monte perfecto para el esquí de travesía. Está en el cordal que se enfrenta a las Maladetas, lo que garantiza un espectacularentorno. Nos pusimos los esquís en el coche que solo quitamos en el bosque y los últimos metros antes de llegar a la cima, Con semejante ambiente de montañas y compañeros casi no nos vamos. El descenso esquiando desde la misma cumbre con una pendiente bastante fuerte al principio, pero sin problemas, y una nieve estupenda que nos hizo disfrutar como chiquillos casi hasta el mismo coche.
Tras nuestra segunda noche en el refugio Cap de Llauset, subiremos al Pic de Russell. Empezaremos con crampones, cuchillas después y crampones de nuevo hasta la cresta, pues las pendientes empinan bastante. En este último tramo empiezo a dudar y, al llegar a la cresta, no lo veo claro. Mis compañeros tiran hacia adelante, pero yo decido darme la vuelta. Con alguno más, bajamos poco a poco hasta unirnos con el resto del grupo en su descenso, que continuaremos disfrutando como chiquillos hasta el refugio para coger los últimos bártulos y seguir así hasta el lago de Llauset. Este tiene un flanqueo farragoso, ya que no tiene nieve como para pasar por encima. Continuaremos después por el curioso túnel, taponado a la salida, y finalizaremos con un descenso "pasivo" de varios kilómetros de carretera nevada hasta el mismo coche. En este último tramo vemos la ampliación de las pistas de Cerler hacia Castanesa. Una pena; está claro que poderoso caballero es don dinero y que a la mayor parte de la población no le importa la degradación de las montañas
Repito este plan otra vez este año. No era mi idea, pero al llegar allí me encontré con poca visibilidad y muchísimo viento, así que me fui a lo seguro. En unas pistas de Astun cerradas y con mucha nieve empiezo a subir por un terreno que los últimos esquiadores de la temporada habían removido y la lluvia del día anterior había helado. Llegué a Truchas y la Raca con visibilidad nula y después tocó una bajada que fue un horror :todo eran olas congeladas con una irregularidad muy difícil de negociar . Algún esquiador solitario y fantasma en la niebla me crucé, que como yo, se ziscaba en todo lo barrido
Amanece nuestro tercer día por Sierra Nevada. Hoy el pronóstico del tiempo es malo y nos olvidamos de la etapa prevista. Jesús, en su furgoneta, nos aproxima al refugio del Puntal , situado a unos 2.000 metros, al que llegariamos foqueando por una pista entre pinos.
El refugio es estupendo, con una cocina grande, mesas y camas: un refugio de lujo. Y más de lujo fue el almuerzo que nos esperaba: tocino y vino, otra forma de entender la nutrición en montaña.
Seguimos avanzando con el tiempo como previsto: malo.Poca visibilidad y mucho viento, hasta que en un momento dado confirmamos que no merece la pena seguir (íbamos hacia el Tajo de los Machos) Así que quitamos focas, regresamos al refugio y continuamos por la pista hasta la furgoneta, donde llegamos con una buena nevada y tormenta eléctrica.
Enfilamos posteriormente kilómetros Alpujarra abajo para subir por carretera hasta las pistas de Sierra Nevada, donde llegamos con una buena nevada que hace prometer lo mejor para el día siguiente, ya que volvía el buen tiempo.
Y así fue: a la mañana siguiente, con todo recién nevado y un día despejado, salimos hacia el Veleta. Ascendemos lentamente por la parte exterior de las pistas. Ralph no va bien, así que nos dividimos: Jesús se queda con el y yo con unos amigos suyos. Con ellos subo hasta la cumbre . Las vistas son impresionantes y no hacen sino dar una idea de lo que me había perdido: las caras norte del Veleta y la Alcazaba, el Mulhacén, espectaculares.
Comenzamos el descenso. Las pendientes no superan en general los 30 grados, pero la cantidad de nieve caída nos hace bajar con cuidado Un poco más abajo, tras unos pocos metros por pistas de esquí, nos desviamos hacia la derecha, por el exterior, hacia el valle de San Juan, con nieve muy variable —venteada y polvo— hasta que, en un momento dado, se transforma en nieve polvo continua, convirtiéndose en un bajadón lujoso hacia el antiguo refugio de San Francisco, en un descenso que parece no tener fin.
Según me comentaban Manolo y Enrique, los granadinos con los que subí, aquello era algo excepcional. Seguimos avanzando en este paisaje tan curioso, completamente blanco, con fondo ocre casi brillante, hasta que muere la nieve.
Ponemos de nuevo focas y ganamos desnivel hasta el Albergue Universitario. Alli esperaban a la televisión de Canal Sur para hacer un homenaje a Ana Alonso,la doble medallista en los Juegos Olímpicos de esquí de montaña, pues Jesús tiene mucho que ver con este triunfo.
Después de esto, Jesús me deja en Granada, donde aún me espera un día de tapeo y turismo por esta maravillosa ciudad. Un buen broche para acabar estos cuatro días en los que la travesía no pudo ser, pero que han sido igualmente unos bonitos días en estas montañas tan diferentes y lejanas.
Está claro que el cambio climático no es una línea continua, tiene sus dientes de sierra. Llevamos asi tres meses en los que habrá habido un par de fines de semana con buen tiempo, y estos con mucha nieve, con riesgo de aludes muy alto, limitando mucho las posibilidades. Así que, dentro de ellas, he aquí un pequeño repertorio de los momenticos que esta sucesión de borrascas me ha permitido.
Hoy subimos con un amigo que, por lesión, ha estado apartado del esquí de montaña dos años largos y hoy se estrena. Así que la salida es sin grandes pretensiones; además, no había mucho donde elegir: nieve hay muy poca, dura y no transforma.Sin embargo, pudimos disfrutar, y el reincorporado ni te cuento
Hoy el Pirineo está tragado por las nubes, así que me voy a la vertiente sur,donde pueda haber más visibilidad. Así me planto en las pistas de Panticosa, que todavía están cerradas y me encuentro que las tengo todas para mí solo. Subo al clásico Mandilar que tiene un un desnivel bastante majo, sin encontrarme un alma hasta llegar arriba, donde ya un grupo - el único - se preparaba para bajar.Eso sí, hasta Petrosos había que ir sorteando hierbajos ,y en la bajada por esa zona habían aparecido además tiburones que algún mordisco me dejaron
Casualidades de la vida: en este viaje conocí a un grupo de amigos con experiencia en estas lides, gente maja que hizo que el trayecto fuera todavía más disfrutón. La idea fue suya: se habían quedado sin la última etapa de la legendaria travesía Chamonix–Zermatt por mal tiempo, así que tenían ilusión por acabarla y, de paso, alargarla hasta Saas-Fee, incluyendo algún monte de la zona.
Primer día: hacia el nido de águilas
Arrancamos desde Arolla y dedicamos el primer día a encaramarnos a ese nido de águilas que es la cabaña Bertol. Tiene una entrada curiosa, por unas escaleras metálicas de varias decenas de metros. El lugar es un auténtico balcón sobre los glaciares de Mont Miné, Ferpécle y Manzettes. Los atardeceres y amaneceres desde allí no tienen desperdicio.
Final de la travesía clásica
Al día siguiente finalizamos por fin la legendaria Haute Route. Ascendimos por terreno muy suave hasta la Tête Blanche. En el descenso encontramos la nieve bastante trillada y dura, como resultado de muchos días seguidos de anticiclón, de la época del año y del hecho de que se trata de una de las rutas más transitadas de los Alpes.
Sin embargo, el descenso —largo, muy largo—, con el Cervino de frente y acabando en la misma Zermatt con los esquís puestos, fue una experiencia de esas que bien merecen repetirse.
Hacia nuevos valles: cambio de rumbo
Al día siguiente salimos de forma variada: primero por una escalera, luego con crampones, después por una pista de esquí... y finalmente pusimos focas. Subimos al collado Pfuiwje y desde allí iniciamos el descenso hacia el valle.
Fue un descenso engañoso. Nieve polvo al principio, que luego desaparecía bajo nuestros pies sin previo aviso. Algunos bajamos dejando una huella tipo raya-punto, y sufriendo para salir de esa nieve hueca sin fondo tras cada caída
Último esfuerzo: hacia el Täschhütte
Ya en el fondo del valle (Täschalp, según los mapas Swisstopo), vimos que la vertiente contraria estaba completamente pelada. Tocó remontar un buen desnivel con los esquís a la espalda hasta alcanzar el Täschhütte.
En la segunda parte del viaje llegamos a Ushguli, uno
de los pueblos más emblemáticos de Alta Svanetia, donde se encuentran las
aldeas habitadas de forma permanente más altas de Europa. La visión del pueblo,
cubierto por un grueso manto blanco, con sus torres medievales, el cielo azul
sin una nube y 20 grados bajo cero a las 10 de la mañana, hicieron de la
llegada un momento mágico
Rápidamente dejamos nuestras cosas en el alojamiento y al Latpar Covash. Éramos muchos esquiadores; parecía que todo el avión había tenido la
misma idea que nosotros.
Compartimos ascensióncon dos guías de montaña catalanes que coincidimos en la casa de Mestia: uno esquiaría 30 días en el país, y el otro, 15. En cierto punto de la ladera nos
hicieron un corte estratigráfico de la nieve. Nos sorprendió como se clavaba
casi un puño, a unos 50 cms de la superficie, para que te fíes
En la cima, mucha gente, parecía alguna de las cumbre más
conocidas del Pirineo. Enfilamos el descenso con la habitual y nunca cansina
nieve perfecta. Desde arriba, vimos cómo algunos guías locales bajaban con sus
grupos por líneas que parecían peligrosas. Creímos que conocen muy bien la
zona, e incluso que podrían ser zonas ya barridas por aludes
Disfrutamos tanto del descenso que volvimos a poner focas
para volver a subir…y bajar. Después de gozarla llegamos al
pueblo. La entrada, con esquís por sus calles estrechas, entre torres medievales y casas
de piedra, me parece una maravilla
Más tarde dimos un paseo por este pueblo, que bien se ha
ganado el título de Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Caminamos entre
el ganado que callejeaba libremente, creando una mezcla entre encierro con vacas
atontadas y película medieval.
Llega nuestro último día. Debería ser más corto, pues
tenemos que regresar por estas carreteras nevadas hasta Mestia. Enfilamos hacia
el fondo del valle, hacia el Latpar Pass, pero pronto vemos que queda muy
lejos. Las dimensiones aquí engañan, el
destino está oculto entre la niebla y empieza a soplar el viento. No es muy
intenso, pero la sensación térmica es muy baja.
Todo esto nos hace decidir que lo mejor es descender.
Empezamos con condiciones pirenaicas: nieve venteada, con "tiburones"
asomando... pero pronto llegamos a esa fabulosa nieve que nos ha acompañado
todos estos días, finalizando esquiando en este pueblo de cuento que es
Ushguli, toca carretera hasta Mestia
El día siguiente lo
pasamos entero viajando hacia Kutaisi, donde apenas nos da tiempo para una
estupenda cena tradicional... y luego, vuelta a casa.
Una buena cuadrilla de veteranos esquiadores del Club Deportivo Navarra nos juntamos ,para muchos de nosotros, disfrutar las últimas esquiadas de la temporada. La incertidumbre en cuanto a la nieve es mucha, menos en cuanto al tiempo, pues seguramente hará malo, lo que nos obligará a aprovechar las ventanas que se presenten por la mañana.
Ariba, Kalku llega a la cumbre del Cataperdís, donde posamos todos debajo
Hoy empezamos con los esquís puestos en las pistas de esquí de Ordino. Nada mal para un 1 de mayo. Subiremos por la pista hasta su final, para luego, por una amplia pala, llegar a la cresta que separa los picos de Cataperdís y Arcalís. Al primero se sube andando por una cómoda cresta; al segundo, con pasos de mixto, a veces un poco expuestos. El tiempo nos hizo dudar: al empezar la cresta empezó a llover, luego paró, y volvió a llover arriba. Pero al final, el tiempo no respetó y bajamos esquiando otra vez hasta los coches. Lo dicho, nada mal para no ser de los macizos típicos de final de temporada.
En este año miserable en nieve, de pronto el wasap de un inquieto esquiador:¡Buenas condiciones en el Fenias! ¡Sin excesivo porteo!. Entonces a muchos se nos ponen las orejas tiesas y ansiosos nos plantamos en el Balneario de Panticosa. Como un invierno cualquiera, solo que este no lo es por estas temperaturas tan altas y esta ausencia de nieve.
Al final una hora de porteo en zapatillas, cómodamente,sin prisa para dar tiempo a que transforme la nieve. Y así, disfrutando el foqueo en nieve primavera , llegamos a la cumbre con los esquís puestos. Solo una pega menor. Este es un monte-nevera, por eso estas condiciones, pero al entrar la sombra la nieve endureció, pero nos permitió todo el descenso sin problemas. ¿Volveremos a esquiar este año en el Pirineo?
Parece
que está va a ser la última salida de esquí de montaña de la temporada. En
estos tiempos tan feos Larra nos ha dado mucha vida. Reconozco que me dejo
llevar pero mis compañeros de ruta han sabido buscar rincones nuevos en esta
zona, lo que tiene mérito después de estar andando por la zona durante tantos años. Hemos estado esquiando sobre la nieve que cayó con la tormenta Filomena.
Desde entonces solo ha caído una nevada que fue seguida de varios días de
vientos intensos. Incluso ha llovido. Aun así hemos podido aprovechar bien la
temporada.
Ese
día ascendimos –otra vez- a dos clásicas de la zona pero con buenos descensos. Subimos
al Anie por la normal, por un terreno muy trillado por las huellas de la gente
que fue a patita para bajar por la cara noroeste. Algunos por un empinado corredor
desde la misma cima que a mí me impresionaba imaginarlo descender. Continuamos bordeando
el Contiende(o Countende según mapas) y empalmamos giros hasta la cabaña de Cap de la Baitch, en
el valle que finalizaría en el Circo de Lescún. Más de 800 m de desnivel
mantenido, una gozada, con un ambiente ya primaveral que da pereza dejar. Ponemos
focas para subir hasta un poco más adelante del Col des Anies, donde parte del grupo vuelve al
coche y otros continuamos rodeando de
forma ascendente el Soum Couy hasta llegar con los esquís puestos hasta muy
cerca de la cima. Es la tercera vez que subo esta temporada a esta cima y la
primera sin crampones. Rápido descenso después por el Boulevard de las pistas
de Arette, que se ha convertido en un clásico, otra vez focas hasta el Collado
de Boticoche y para abajo, hasta las pistas de fondo de la Contienda, donde
algún tramo al final sin nieve nos avisa que parece que esto del esquí
se acaba esta temporadasi no se levanta
el confinamiento perimetral. Con pena, sí, pero satisfechos de, estando así el
patio, hemos podido disfrutar lo nuestro.
Luces raras sobre el Auñamendi, con nieve de primavera muy avanzada(foto de Ángel Pardo)
Otro año mas y nos juntamos un buen grupo para hacer un viaje de esquí de travesía, como vamos haciendo desde hace unos cuantos años .
Este año nos decidimos por el Tirol autríaco, en concreto por el valle de Ötztal. La mayoría ya hemos recorrido algunas montañas de esta zona y sabemos lo que nos espera, preciosas montañas, grandes descensos, glaciares, muy buenos refugios, buena comida, buena cerveza y mas buena cerveza. Austria es un maravilla para el esquí en cualquiera de sus facetas, así que los austríacos esquían como esquían.
Allí que nos vamos Miguel Ángel, Gari, Gerardo, Angel ,Eduardo, Fermín, Jorge, Mikel y yo. Los cuatro últimos salen en furgoneta desde casa, los demás volamos hasta Múnich donde alquilaríamos una furgoneta para en unas 2-3 horas nos plantaríamos en el destino. Eso en la teoría, en la práctica se alargó pues paramos a comer, ver tiendas de montaña....que para eso estamos de vacaciones
Parte del grupo en Obergurl
Nos juntamos todos en el hotel de Obergurl, esto empieza bien, el alojamiento es cómodo, para cenar tenemos pizzas no grandes sino descomunales y rica cerveza de trigo
A la mañana salimos de las pistas de esquí , a 1.890m para llegar por una pista nevada al primer refugio -Langtalereckhütte (2.430m)-, la meteo es dudosa pero tras esperar se aclara y enfilamos al Eiskögele (3.233m) .No todos lo vemos claro y al final pisan la cumbre por los demás Eduardo, Angel y Miguel Angel,.
El segundo día de travesía, es el mas largo. Empezamos por un valle tieso y estrecho que nos obliga pronto a descalzar esquís, más adelante buscamos el paso por un escalón de cierta exposición a los aludes hacia el inmenso glaciar de Gurgler Ferner. Hacemos grandes zetas hasta el collado pero una vez allí vemos que la cima del Schalfkogel (3590 m) está todavía lejos, parece técnica y llevamos ya bastantes horas, así que se deciden los mas rápidos, los mismos de ayer, ellos nos confirmarían que no era un monte fácil y que quedaba lo suyo. Una vez reunidos bajamos del collado por una ferrata que ahora nevada hacemos destrepando y con un pequeño rápel, con largo descenso después y la guinda , en el valle toca poner pieles para subir los 200-300 m de desnivel que nos separan del refugio
Y las últimas ascensiones de esta semana estupenda. El último día repetimos monte, y es que el pronóstico del tiempo era malo, pensamos entonces que en esas condiciones la mejor opción era esquiar protegidos por el bosque, recordando la estupenda nieve polvo que allí encontramos. Al final la meteo mejoró y llegamos hasta la cima, bajando después por otra vertiente y finalizando la última esquiada con un inmejorable sabor de boca. Ya no nos quedaba sino hacer las maletas y despedirnos de este maravilloso lugar. Seguro que mas de uno repite, ¿verdad Edu, Gerardo, Mikel, Fermín, Jorge, Gari, Miguel Angel? .Yo ya lo he hecho.
Y por segundo año consecutivo viajamos a los Alpes de Lyngen, volvemos a esquiar por encima del Círculo Polar Artico, a esos 70 grados de latitud norte. El año pasado nos despedimos diciendo que era una sitio para volver y así ha sido. Además vamos los 4 del año anterior con 4 amigos mas.Algún monte repetimos, buscando aquel descenso que tanto nos gustó, también repetimos la última ascensión, pues el mal tiempo previsto hacía pensar qne era un mal día para actividad un poco compleja y que podríamos esquiar en los bosques de sus laderas, aunque al final disfrutamos de una bonita circular. Y las nuevas montañas tuvieron su plus de aventura, pues no teníamos información, ni tracks y solo un mapa de escala tan grande como para no saber como podría ser el terreno.
Como esperamos, disfrutamos mucho de su luz, los colores, las montanas y sus descensos,tanto los repetidores como los nuevos, que también acabaron deseando volver