Para muchas culturas las montañas han sido y son lugares sagrados. Tierras que separan naciones y unen pueblos, lugares donde el hombre percibe fuerzas que apenas entiende y que sintiendo su intensidad,"se siente" libre. Y así busca su fuerza, su energía, su placer, en las alturas, en los vientos, en los colores, en los otros. Compartiendo el mundo con los dioses...Y yo me incluyo.
He aquí algunos de esos momentos
Y van dos. Dos veces en poco más de un mes que venimos a la zona de Orreaga. Estamos en un invierno de los de antes, tenemos una innivación excelente y el frío mantenido hace que los buenos espesores continúen en estupendas condiciones para esquiar. Así que repetir el foqueo por el bosque, esta vez por el Camino de Santiago, y los descensos, hoy por distintas vertientes, son un placer.
Siempre
he pensado que como se comienza el año marca el resto de los 364 días. Por eso,
y siguiendo este pensamiento mágico, mi hermano y yo nos acercamos a Ioar, en
la sierra de Codés, la montaña más cercana de casa estos días como vamos
haciendo desde hace unos cuantos años el primero de enero. También por esto, y como
dije en una entrada anterior, es una
montaña totémica, y además este año nos regala con un manto invernal que no habíamos
visto desde hace mucho mucho tiempo.
No solo fue la cima de Ioar, también la poco visitada cima de El Grudo. nos faltó la tercera cumbre que forma esta montaña, La Plana, pero se nos hizo tarde. Es lo que tiene no madrugar el día de Año Nuevo
Como
el día anterior había llovido elegí esta ruta que sé que estaría libre de barro.
Es un recorrido muy repetido pero que no me deja de gustar y además acaba en un
sitio al que tengo mucho cariño, el Santuario de Codés. El recorrido discurre
por pistas de buen firme hasta el Santuario, continúa por carretera recorriendo
el Valle de Aguilar y después de 5 ó 6 rápidos kilómetros toma en Torres del
Río el Camino de Santiago, que tiene un
buen piso para evitar que se forme barro. Al final son 42 kilómetros escasos y
unos 1100 metros de desnivel, bien para hacer hambre
En Navarra tenemos la suerte de poder disfrutar de una muy diversa naturaleza , desde el desierto de las Bardenas a la alta montaña pirenaica, y esto nos permite poder esquiar sin salir de nuestras fronteras. Una de las zonas más bonitas es el karst de Larra con el Anie dominando todo, aunque su cumbre se encuentre en territorio francés.
En esta ocasión Angel preparó una bonita ascensión por terreno muy roto por las abundantes simas,imagino que con nieve justa será peligroso, pero que le daban al recorrido un aspecto casi irreal.
Hicimos los últimos metros con crampones por la nieve dura y la roca asomando en los metros finales pero el descenso fue como suele, divertido y variado con lo sube-bajas de esta zona kárstica
Anie/Auñamendi, inconfundible (foto de Jesús Domínguez)
Llegando a la cima, vigilados por la Mesa de los 3 Reyes (foto de Ángel Pardo)
La
fotogénica zona de los Mallos de Riglos da para mucho. No sólo es una meca de
la escalada, también es un buen sitio para senderismo (no hay que perderse la
vuelta al circo de los Mallos) y para la bici. Esta ruta puede ser la más
clásica de la zona, de hecho creo que es la tercera vez que la hago. La ruta es
sencilla pero pasa por puntos que no tienen desperdicio. Nada más salir habrá
que parar en el monolito de recuerdo a los grandes escaladores Rabadá y Navarro,
que mira a los Mallos, pasaremos después por el Castillo de Loarre y por la
ermita y restos del castillo de Marcuello. Estos últimos construidos por Sancho
III el Mayor de Navarra como parte de una línea defensiva en el siglo XI (los
restos del castillo de Marcuello son del XII, ahí es nada) contra los musulmanes.
Contemplando los grandes espacios que se abren a sus pies se entiende
perfectamente el porqué de su localización. La ruta además tiene un estupendo
final. Después de disfrutar de las mejores vistas desde el Mirador de los Buitres,
una bonita senda un poco técnica entre paredes de roca me deja en un camino que
bordeando los Mallos me deja en el mismo pueblo
Imponen los Mallos desde el pueblo
Monolito en recuerdo de Rabadá y Navarro
Castillo de Loarre
Ermita y Castillo de Moncayuelo
Hacia los Mallos de Riglos y Agüero desde el Mirador de los Buitres
Después de la última entrada en la zona de Roncesvalles ya con esquís, no puedo sino colgar otra de la misma zona, ocho días antes pero con bici y sol. En realidad solo coinciden en el punto de inicio y final en la Colegiata de Roncesvalles y en el collado de Lepoeder, que son los dos puntos donde comienza el último descenso.
Colegiata de Roncesvalles
La ruta son cincuenta y tantos kilómetros y más de 1500 metros de desnivel, pero desde la Fábrica de Armas de Orbaizeta hasta el collado donde se une a la GR11 es una pista asfaltada, salvo la subida a la cima del Urkulu, lo que hace la subida muy cómoda. Pero aunque sea asfalto las vistas sobre los amplios espacios y hacia la cabecera de los valles franceses merecen muy mucho la pena.
El recorrido desde Roncesvalles inicia por pista entre hayas hasta la Fábrica de Armas de Orbaizeta, ya por asfalto asciende hasta el collado de Azpegi y el Col D`Orgambide donde desciende ya hacía Francia para bordear el monte Urkulu, hasta que en un desvío de 90 grados asciende a la cima. Tras bajar de la cumbre continúa un tramo por asfalto hasta empalmar con la GR-11 y un poco más adelante con el Camino de Santiago. Aquí yo me despisté y continúe por el mismo en dirección a San Juan de Pie de Port, alargando la ruta unos 10 km más. Deshago el error y llego así al collado de Lepoeder para empezar el descenso rápido hasta la Colegiata otra vez pero pasando por el Puerto de Ibañeta. Qué buen recuerdo me ha dejado este collado, hace 4 días había más de un metro de nieve y ventisca y 9 antes llegué con sol y temperatura aún otoñal.
la base de la torre romana (siglo I ac)
Desde la cima del Urkulu hacia el oeste
Unos metros antes de la cima del Urkulu, hacia Francia
Sin apenas darnos cuenta el
tiempo pasa ignorante de nuestros problemas, COVID, confinamientos y demás. Pero esta vez nos trae una buena
noticia, ha llegado el invierno y con el la nieve. Las montañas navarras están cubiertas de un manto blanco y las pirenaicas con un espesor más que
generoso.
Así que, ilusionados como chiquillos (yo al menos) nos dirigimos Txema, Ángel y yo para estrenar los esquís esta temporada a esta clásica de la zona de Orreaga/Roncesvalles, cima occidental del Ortzantzurieta, más alto pero menos esquiable
Ascendemos por un precioso hayedo bien nevado hasta el collado de Lepoeder. Y como casi
siempre que venimos poraquí con esquís nos encontramos con él "white
out" que dicen los anglosajones. Nos ponemos toda la ropa que llevamos
encima y seguimos a Ángel que con arte maneja el GPS para guiarnos hasta la cima.
Allí foto rápida y sin quitar las focas por la poca pendiente y la ventisca
descendemos sin más punto de referencia que el que
va por delante hasta el collado de Lepoeder de nuevo. Una vez allí
quitamos pieles y descendemos disfrutando girando entre las hayas hasta quitarnos
los esquís casi en el mismo coche