Para muchas culturas las montañas han sido y son lugares sagrados. Tierras que separan naciones y unen pueblos, lugares donde el hombre percibe fuerzas que apenas entiende y que sintiendo su intensidad,"se siente" libre. Y así busca su fuerza, su energía, su placer, en las alturas, en los vientos, en los colores, en los otros. Compartiendo el mundo con los dioses...Y yo me incluyo.
He aquí algunos de esos momentos
Llevaba un puñado de años intentando que este viaje saliera adelante. Tenía ganas de pedalear por este desierto, junto al mar y en este terreno volcánico, Y al final, en un mes de octubre, mi hermano y yo dejamos atrás nuestro - antaño - húmedo y oscuro norte y, sin darnos cuenta, aterrizamos en un mundo blanco y azul: el blanco reluciente de las casas y los azules del cielo y del mar.
Empezamos el primer día en Puerto del Carmen. Rodamos varios kilómetros por paseos marítimos viendo la vida del turista pasar , que aquí pasa con mucha, mucha calma. De pronto, dejamos lo urbano y nos adentramos en otro planeta. Todo se vuelve de color ocre, rojizo y a veces negruzco. Con volcanes a lo lejos y el mar de azul intenso, a veces enfrente y a veces al lado
Entramos en Marte
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Llegando a Charco del Palo, pueblo nudista
La ruta no tiene mucho desnivel pero la kilometrada es importante y , en ocasiones, el terreno es difícil de pedalear por lo pedregoso o por los bancos de arena. Finalmente llegamos a Órzola, donde, para rematar, una agradable travesía en ferry nos dejaría en la isla de La Graciosa.
La mañana siguiente empezamos pedaleando por un decorado de la película El Bueno, el Feo y el Malo, por calles cubiertas de arena de playa y entre casas muy, muy blancas. Enseguida nos metemos en este entorno marciano para después ir bordeando un Atlántico bravo
Pedaleando por La Graciosa
De pronto nos encontramos con una bahía mágica, cerrada por un lado por una montaña de color amarillo azufre que deja muy claras sus raíces volcánicas. Estos colores y un cielo velado le dan una luz y unos tonos irreales. Estamos aquí disfrutando un buen rato, hasta que empiezan a llegar todoterrenos cargados de turistas. Salimos huyendo y nos vamos cruzando con más turistas, pero estos con otra filosofía, todos van en bicicleta.
Montaña Mágica, no se aprecian bien los colores
Así llegaremos a la playa de Las Conchas, un rincón paradisíaco : arena blanca y aguas azul turquesa, pero del que, sin embargo, nos aconsejaron vivamente no meternos por la gran resaca que debía haber. Continuamos después ya solos, bordeando pequeñas playas, algún acantilado y pedaleando por pasillos de arena blanca, que a veces nos hacen echar el pie a tierra
Playa de la Conchas
Pasamos por Pedro Barba, otra playa con casas de turismo local donde sí podremos bañarnos, pero nosotros, de secano como somos, decidimos almorzar y acabar tranquilamente la etapa. Toca pasar una tarde agradable entre cervezas y viendo anochecer en este pueblito de cuento que es Caleta del Sebo
Atardecer en Caleta del Sebo
Nuestra tercera etapa empieza como acabó hace un par de días. Amanecemos en Caleta de Sebo, cogiendo el ferry que nos deja en Órzola, donde desayunaremos para adentrarnos después en senderos entre pequeños cultivos de color negro, y después entre parcelitas con chumberas secas. Resulta un potente contraste entre este color negro, las casas blancas al fondo y el mar que rodea todo.
primeras cuestas desde Orzola
Subimos por rampones a veces imposibles, hoy predomina un color más negruzco hasta llegar a la carretera, que enseguida nos deposita en el Mirador del Río, uno de los grandes atractivos turísticos de la isla, con las esculturas de César Manrique.
La Graciosa desde el Mirador del Río
Nosotros pasamos de largo y seguimos unos pocos kilómetros por carretera, con espectaculares vistas hacia la isla de La Graciosa, que hace un rato acabamos de dejar. Estamos a unos 500 metros de altura sobre el nivel del mar, y las vistas son impresionantes. Pasamos por un pueblito de nombre curioso —Ye— y nos dirigimos otra vez hacia lel perfil de los acantilados que caen hacia el mar. Hoy puede ser el día más espectacular y, desde luego, el de mayor desnivel.
Risco de Famara
Tras pasar por los preciosos pueblos de Haría y Teguise, aún nos queda un puerto eterno que nos llevará a la preciosa ermita de la Virgen de las Nieves. Bajamos ya sin parar por anchas pistas primero y después rodeados de este entorno tan curioso hasta el pueblo de Famara, bajo los acantilados que bordeamos hace un rato, 500 metros por encima. Nos sentimos marcianos con nuestras bicis en este ambiente tan hippie y surfero.
Siempre hace ilusión las primeras nieves, anuncian el invierno, aunque hace muchos años que tristemente no tienen continuidad y pueden pasar meses hasta sacar los esquís del letargo . Pero ya el ambiente y la luz cambian. Empieza otra montaña, más exigente y también mas bella
O como hacer todo el cordal de la Sierra en una curiosa circular. Con más de 1000 m de desnivel, que no es fácil en esta zona de cumbres modestas. Muy buenas vistas desde los montes vascos más conocidos hasta las cumbres de el resto de Tierra Estella
Monte que subí desde Virgala Mayor, o cerca, con buenas vistas sobre el nunca suficientemente bien ponderado para la BTT Parque Natural de Izki. Monte con el nombre que tomó el gigante Offerus tras servir al diablo y comprobar que este no era tan poderoso
Recuerdo de unos días de este verano en la Costa da Morte, adonde fuimos huyendo del calor y del turismo masificado, en busca de tranquilidad y buena comida.Y acertamos, como otras veces.
Lo recuerdo especialmente porque tengo muy presente el infierno que sufrirían unas semanas más tarde, con los enormes incendios que arrasaron una parte fe Galicia. Una gran pérdida
Monte O Veladoiro
Cabo Finisterre desde la subida a O Veldoiro
Playa Langosteira
Desde el Faro de Finisterra
Arriba y abajo, Santuario de la Virgen de A Barca
Faro Vilán
Esta y las tres guientes, en el monte O Pindo, el Olimpo celta le dicen
Esta puede ser la ruta más betetera de los alrededores de
Viana. Arranca por caminos rotos y pedregosos hasta cerca de la cresta
de la Sierra de Marañón, sigue por media
ladera por caminos por donde, ya no van ni los cazadores, según parece. Estos
se transforman finalmente en senderos cubiertos de hierbas altas que nos
dejarían ya en los molinos. En segundos pasamos a la carretera que llega a La
Población, el segundo pueblo más alto de Navarra. Antes de llegar pasamos a la
vertiente norte de la Peña del Castillo, o del León Dormido: cambio radical de
paisaje. Estamos dentro de un frondoso hayedo,la niebla que se veía desde Viana
nos rodea y nos cae encima el “orbayu”, que para al volver al lado sur. Al
llegar a Lapoblación cogemos enseguida
los senderos que nos llevarían a Barriobusto, que desde que pasé por aquí hace
tres meses se han cerrado por las zarzas,obligándonos a rodear por
sembrados pero no nos libramos de
arañarnos toda parte del cuerpo que no lleváramos tapada.
Al final, una ruta
muy variada: las huertas de Viana,
atraviesa sembrados y monte bajo, pasa al húmedo hayedo y continúa enlazando
senderos entre monte bajo y campos cultivados hasta los viñedos de la Rioja
Alavesa.un recorrido por este rincón de Tierra Estella lleno de contrastes
Muy cerca de casa, en Puente La Reina, han retomado una de las marchas de BTT más populares de Navarra: la Valdizarbe Extrem. Suspendida entre otras cosas por desilusión tras arder los bosques de la Sierra del Perdón, por donde discurre el recorrido, en aquellos días que hace unos años asolaron parte de Navarra.
La ruta discurre por la parte sur del Perdón, desconocida para mí, y eso que todas las semanas circulo por su vertiente norte. En su mayor parte de ascensión, son caminos viejos, con algunas sendas en un entorno muy diferente a la comentada vertiente norte. Se llega así a la parte alta de la sierra, rodeada de molinos, hasta la ermita de Santa Águeda, con nuevas y mejores vistas de la sierra.
Continúa después por sendas que yo creo que desbrozaron para el día de la marcha, unas tres semanas antes. Sendas perfectas, a veces serpenteantes, a veces rápidas, y siempre con unas preciosas vistas a las dos vertientes de la sierra, hasta llegar al Puerto del Perdón.
Enfila después por senderos, por la vertiente sur de la sierra, a media ladera. Aquí la cosa cambia, domina el terreno de canto rodado, con cortos y bruscos cambios de fuertes pendientes y un encinar a veces cerrado, verde, a veces oscuro, en donde en algunos momentos el manillar apenas pasa entre los árboles.
Tras acabar el bosque, sin embargo, siguen las sendas nuevas para mí en un terreno que creía conocer bien . Para acabar, un final rápido por algunos kilómetros de pista .
Al final, un día de montaña, de los que hacen afición.
Hoy intentaremos el Allalinhorn, uno de los cuatromiles clásicos de la zona de Saas-Fee. Desde el refugio Britannia, casi sin darnos cuenta, nos plantamos en la parte alta de las pistas de esquí. Es curioso ver los montones de nieve almacenados con regla para mantener las pistas en verano.
Saliendo del Britania Hütte
Pronto dejamos atrás los ruidos y las estructuras metálicas, y avanzamos por las laderas, rodeados de grietas. Poco a poco ascendemos hasta el collado, donde ya no hay grietas visibles. Allí nos encordamos y continuamos por pendientes suaves hasta la antecima. Cambiamos esquís por crampones y, tras recorrer una corta, afilada, sencilla y espectacular cresta, alcanzamos la cruz de la cumbre.
Estamos contentos, y no es para menos. Llevamos varios días disfrutando y esto es la guinda del viaje, aunque todavía no ha terminado.
Camino del Allalinhorn
Comenzamos el descenso por nieve algo dura, pero a partir del collado la nieve se transforma, e incluso encontramos tramos de nieve polvo. La bajada, bordeando las enormes grietas del glaciar, resulta espectacular. Finalmente llegamos a las pistas de esquí, donde toca bajar, bajar y bajar… por pistas larguísimas hasta el mismo pueblo, pasando de un entorno glaciar a la plena primavera.
Nos toca buscar ahora nuestro alojamiento, en un valle bastante alejado de la zona. Al tomar el autobús, un simpático chófer, encantado de escucharnos, nos dejó pasar gratis, pues le recordamos que le quedaba poco para jubilarse e irse a vivir a Canarias con sus 60 años. Ya sabe ya.
Con temperaturas veraniegas vamos enlazando autobuses y trenes hasta el alojamiento. No somos los únicos: por el camino suben y bajan esquiadores con todo el equipo de travesía, en contraste con el calor que encontramos.
A la mañana siguiente llega nuestro último día. Deshacemos el recorrido anterior para intentar el Breithorn. El tiempo está cambiando y tenemos una ventana por la mañana, así que decidimos coger el teleférico desde Saas-Fee que nos deja en la parte más alta, confiando en que aguante.
Sin embargo, no es así. A mitad de la ascensión la niebla se nos echa encima y el viento arrecia. Alguna vez vemos algún esquí bajar como un misil sin su esquiador. Y así, poco a poco, seguimos ascendiendo hasta la cumbre.
De vez en cuando nos adelantan corredores que entrenan por parejas, encordados y perfectamente sincronizados. Otro deporte.
Al final, en la cima, Isra —que es perro viejo— nos conduce unos metros hacia otra vertiente, donde el viento amaina lo suficiente como para prepararnos para el descenso. Eso sí, sin perder un minuto
Cuando iniciamos la bajada, volvemos a ver cómo, en medio de la niebla y el intenso viento, algún esquiador pierde un esquí, que se desliza como un bólido ladera abajo.Esquí perdido imagino
El descenso dista de ser glorioso: no encadenamos giros, bajamos lentamente, intentando no perder el contacto visual entre nosotros, pues la visibilidad es nula.
Ya en el teleférico, la visibilidad mejora y enlazamos con la parte alta de las pistas de Saas-Fee. De nuevo nos espera un descenso interminable por estas pistas enormes, que nos conducen otra vez al pueblo.
Estamos felices: ha sido todo un éxito de travesía.Cogemos de nuevo los trenes, rodeados de esquiadores que suben y bajan, hasta Arolla y, finalmente, a Ginebra. Tras una mañana de turismo, nos toca regresar a casa.
Ha sido un placer compartir estos días y no tengo más que agradecimientos para Isra, Nerea, Miguel y Javier
Mendavia, al
suroeste de Navarra, cuenta con hasta 15 denominaciones de
origen y con una buena red de senderos que conectan barrancos y pinares. Quién lo diría por estos lares al lado del Ebro. Así, han conseguido un recorrido , al menos para mí, bastante técnico. De hecho,
una parte del trazado pasa por un circuito de motos, lo que nos hizo bajarnos de la bici unas cuantas veces
Ruta muy entretenida, que, aunque
no presenta grandes desniveles, exige un buen control de la bici,… y mucho
cuidado a veces
La Sierra de Guerinda tendrá posiblemente el mayor parque de aerogeneradores de Navarra, pero, a pesar del destrozo medioambiental que esto ha supuesto, hay rincones todavía que invitan a su visita.
Esta ruta (video mas largo en este enlace) parte de Tafalla, bordea el Canal de Navarra para, en un momento dado, girar 90 grados y, ya por mitad del pinar, subir hasta la ermita de Santa Zita. Situada en un lugar raro para una ermita, escondida en una media ladera entre pinares, no la ves hasta que te encuentras encima.
De aquí arranca una pista/camino que bordea esta sierra por su ladera sur, en una pendiente suave, mantenida y larga, hasta que se encara a lo alto, al reconstruido molino de Olleta, el único molino de viento que hay en Navarra.
Continúa por las pistas del parque hasta que, en un momento, tomo una larga senda —de inicio escondido— que baja sin pausa hasta Pueyo.
No queda sino rodar rápido por la pista que nos lleva al punto de origen en Tafalla.
Casualidades de la vida: en este viaje conocí a un grupo de amigos con experiencia en estas lides, gente maja que hizo que el trayecto fuera todavía más disfrutón. La idea fue suya: se habían quedado sin la última etapa de la legendaria travesía Chamonix–Zermatt por mal tiempo, así que tenían ilusión por acabarla y, de paso, alargarla hasta Saas-Fee, incluyendo algún monte de la zona.
Primer día: hacia el nido de águilas
Arrancamos desde Arolla y dedicamos el primer día a encaramarnos a ese nido de águilas que es la cabaña Bertol. Tiene una entrada curiosa, por unas escaleras metálicas de varias decenas de metros. El lugar es un auténtico balcón sobre los glaciares de Mont Miné, Ferpécle y Manzettes. Los atardeceres y amaneceres desde allí no tienen desperdicio.
Final de la travesía clásica
Al día siguiente finalizamos por fin la legendaria Haute Route. Ascendimos por terreno muy suave hasta la Tête Blanche. En el descenso encontramos la nieve bastante trillada y dura, como resultado de muchos días seguidos de anticiclón, de la época del año y del hecho de que se trata de una de las rutas más transitadas de los Alpes.
Sin embargo, el descenso —largo, muy largo—, con el Cervino de frente y acabando en la misma Zermatt con los esquís puestos, fue una experiencia de esas que bien merecen repetirse.
Hacia nuevos valles: cambio de rumbo
Al día siguiente salimos de forma variada: primero por una escalera, luego con crampones, después por una pista de esquí... y finalmente pusimos focas. Subimos al collado Pfuiwje y desde allí iniciamos el descenso hacia el valle.
Fue un descenso engañoso. Nieve polvo al principio, que luego desaparecía bajo nuestros pies sin previo aviso. Algunos bajamos dejando una huella tipo raya-punto, y sufriendo para salir de esa nieve hueca sin fondo tras cada caída
Último esfuerzo: hacia el Täschhütte
Ya en el fondo del valle (Täschalp, según los mapas Swisstopo), vimos que la vertiente contraria estaba completamente pelada. Tocó remontar un buen desnivel con los esquís a la espalda hasta alcanzar el Täschhütte.
Vaya por delante que el video bueno es el del siguiente enlace (en-btt-por-san-martin-de-unx ), pero me apetece repetir esta ruta, y pasar por uno de los robledales mas al sur de Navarra, por el escondido valle que forma el Barranco del Chucho y por las ruinas del monasterio de Santa Elena de Abaiz, un rincón cuidado por los vecinos de Lerga en mitad de ningún sitio
30 segundos de video de esta vueltilla circular a este monte mítico navarro. Corresponde a la ruta 7A u 8a del Centro BTT Lizarraldea, no lo tengo claro. Son la misma pero una va en sentido horario y la otra antihorario. El sendero que rodea el Ega, en plena primavera rabiosa, espectacular
En la segunda parte del viaje llegamos a Ushguli, uno
de los pueblos más emblemáticos de Alta Svanetia, donde se encuentran las
aldeas habitadas de forma permanente más altas de Europa. La visión del pueblo,
cubierto por un grueso manto blanco, con sus torres medievales, el cielo azul
sin una nube y 20 grados bajo cero a las 10 de la mañana, hicieron de la
llegada un momento mágico
Rápidamente dejamos nuestras cosas en el alojamiento y al Latpar Covash. Éramos muchos esquiadores; parecía que todo el avión había tenido la
misma idea que nosotros.
Compartimos ascensióncon dos guías de montaña catalanes que coincidimos en la casa de Mestia: uno esquiaría 30 días en el país, y el otro, 15. En cierto punto de la ladera nos
hicieron un corte estratigráfico de la nieve. Nos sorprendió como se clavaba
casi un puño, a unos 50 cms de la superficie, para que te fíes
En la cima, mucha gente, parecía alguna de las cumbre más
conocidas del Pirineo. Enfilamos el descenso con la habitual y nunca cansina
nieve perfecta. Desde arriba, vimos cómo algunos guías locales bajaban con sus
grupos por líneas que parecían peligrosas. Creímos que conocen muy bien la
zona, e incluso que podrían ser zonas ya barridas por aludes
Disfrutamos tanto del descenso que volvimos a poner focas
para volver a subir…y bajar. Después de gozarla llegamos al
pueblo. La entrada, con esquís por sus calles estrechas, entre torres medievales y casas
de piedra, me parece una maravilla
Más tarde dimos un paseo por este pueblo, que bien se ha
ganado el título de Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Caminamos entre
el ganado que callejeaba libremente, creando una mezcla entre encierro con vacas
atontadas y película medieval.
Llega nuestro último día. Debería ser más corto, pues
tenemos que regresar por estas carreteras nevadas hasta Mestia. Enfilamos hacia
el fondo del valle, hacia el Latpar Pass, pero pronto vemos que queda muy
lejos. Las dimensiones aquí engañan, el
destino está oculto entre la niebla y empieza a soplar el viento. No es muy
intenso, pero la sensación térmica es muy baja.
Todo esto nos hace decidir que lo mejor es descender.
Empezamos con condiciones pirenaicas: nieve venteada, con "tiburones"
asomando... pero pronto llegamos a esa fabulosa nieve que nos ha acompañado
todos estos días, finalizando esquiando en este pueblo de cuento que es
Ushguli, toca carretera hasta Mestia
El día siguiente lo
pasamos entero viajando hacia Kutaisi, donde apenas nos da tiempo para una
estupenda cena tradicional... y luego, vuelta a casa.
Una escapada rápida en plena ola de calor. Madrugando y buscando la sombra de las hayas para acabar antes de que el calor se hiciera insoportable. Ya lo era a media mañana al llegar al Puerto de Lizarraga. Aún así pude ver la Sakana sumergidoa en un precioso mar de nubes desde la ermita de Santa Marína. Quién lo diría con lo que está cayendo
El Cáucaso siempre me ha atraído, y allí tuve la suerte de
viajar, en particular a Georgia y en concreto a la zona de Alta Svanetia. Pude esquiar entre
montañas con pueblos reconocidos como Patrimonio
de la Humanidad por la UNESCO, por mantener su esencia medieval,
pareciendo estar anclados en los siglos X al XII. Sin embargo, no está lejos;
en cuatro horas de vuelo desde Barcelona nos plantamos en Kutaisi, la capital administrativa de
Georgia.
El aeropuerto está lleno de esquiadores de todo el mundo y de
banderas del Mercado Común, lo que choca con las noticias de los últimos años
sobre el viraje de sus dirigentes políticos hacia Rusia y en contra de su
acercamiento a Europa
Llegamos de noche. Nos encontramos todo el grupo ya en el
hotel y no nos da tiempo slvo para partir al día siguiente, ya nevando desde la
puerta del hotel. Las carreteras están bien nevadas. La nevada, a ratos, es
intensa. El viaje, de unas cinco o seis horas, se alarga un par de horas más.
Viajamos por una llanura hasta que, de pronto, arranca un puerto que ya nos
metería entre montañas hasta el final del viaje, dándonos una idea de la
grandiosidad del lugar. Llegamos así a la casa de la familia que nos va a
alojar estos días, con una nevada en el pueblo impresionante y unas cantidades también enormes de comida, lo que será la tónica habitual en todo el viaje.
Tras otro tremendo desayuno al día siguiente, salimos con
fresquito: 14 bajo cero. Nos
trasladan por unas carreteras más nevadas que el día anterior. Llegamos al
pueblo de Ienashi y foqueamos entre las casas del pueblo. Subimos por
bosque por la cara norte del monte Detsid; el tiempo es malo y va a seguir así
en los próximos tres días. Así, foqueando por nieve polvo, llegamos al final
del bosque, donde el viento, el frío y la nula visibilidad hacen duro preparanos para el descenso. Esquiamos
por nieve polvo profunda, unas nieves que por estos lares no estamos
acostumbrados -yo al menos-. La esquiada, una experiencia estupenda, nos lleva
hasta el mismo pueblo, donde, entre vacas, caballos y perros, nos recogen. La
temperatura es más agradable, pero un rápido vistazo al termómetro nos hace
caer en la cuenta: 7 bajo cero,
y eso en las horas centrales del día.
Nos daríamos después un paseo por el pueblo de Kutaisi. A veces rodeados por el ruido
de generadores en las puertas de algunos alojamientos. Es evidente que el
turismo ha crecido mucho, pero no así las infraestructuras, lo que se traduce
en cortes de luz frecuentes
En el paseo vemos lo que es el pueblo, andando con
dificultad por la gran cantidad de nieve que hay. Nos vamos cruzando con todo
tipo de animales: caballos, alguna vaca y muchos, muchos perros. Entre la
nieve, el hielo, los enormes chuzos que caen de los aleros de los tejados y los
detritos de todos estos bichos, caminar por sus calles a veces parece un
videojuego.
Nuestro segundo día de actividad amanece nevando, lleva así
toda la noche. El todoterreno que nos lleva a Tviberi va dando bandazos en las
curvas de una carretera muy, muy nevada, aunque en ningún momento tenemos
sensación de riesgo.
Arrancamos con una nevada espectacular, que no hace sino
aumentar conforme ascendemos Llegamos al final del bosque, donde el riesgo, el mal tiempo
y la nula visibilidad nos hacen descender. Bajamos como en los vídeos, donde a
los que saben esquiar bien solo se les ve del pecho para arriba. Aquí el riesgo
no es de una avalancha, sino que alguno desaparezca en el hueco formado por las
raíces de los árboles y la nieve caída encima.
Disfrutamos tanto que volvemos a subir, con mucho trabajo
abriendo una buena trinchera
En nuestro tercer y último día en la zona de Kutaisi, amanece otra vez nublado y
nevando, pero la visibilidad hoy es mayor. Ascendemos desde Tsalanan a una
pequeña cumbre, aunque el tiempo no nos permite ver bien lo que tenemos
alrededor. Seguimos con el mismo frío y con unos tremendos espesores de
nieve polvo de muy buena calidad que nos hacen disfrutar hasta el final.
Vídeo corto de esta sencilla ruta circular que partiendo de Puente la Reina pasa por el Monte Esquintza y Mendigorría. A destacar la ermita de San Cristóbal en la cima del monte y las ruinas del fuerte Infanta Isabel , que lo fue potente y de los liberales (pues defendían a la regente María Cristina y a la infanta, la futura reima Isabel II) para proteger esta zona en las guerras carlistas. Ruta que discurre en su mayoría por buen firme lo que la hace ideal para días de barro exceptuando los metros finales que pueden ser evitables, supongo, siguiendo la pista
Una mezcla entre la versión larga y la corta de la marcha Larrate BTT del último año en la localidad navarra de Carcastillo. Me sorprendió en su versión larga, que se pudieran hacer esos horarios en un terreno que, en algunos tramos, resulta bastante técnico. Desde luego, me hago mayor, o tengo que andar mas…o las dos cosas
Vueltilla por este rincón perdido de Tierra Estella, en los alrededores de Viana.
La ruta asciende por pistas recién arregladas, entre viñedos y cultivos en la parte inferior y por caminos que pasan por el Alto de San Roque,que conocerán sólo los cazadores locales, en la superior.
Llegamos al reformado refugio de Azuelo, a unos metros de las pistas de los molinos que recorren todo el alto de la Sierra de Marañón, que separa esta zona del desconocido Valle de Aguilar y rápidamente enlazamos con la ruta 2 del Centro btt Lizarraldea que, por, por un pedregoso camino, nos baja hasta Bargota y vuelta a Viana
Os dejo un video corto de esta maravilla que es la montaña alavesa, un rincón con cientos de kilómetros de senderos por hayedos. Una naturaleza donde el hombre es una parte mas del medio, donde lo aprovecha si, pero también lo cuida y protege pues sabe bien de su valor
Este día hice la marcha que en este pueblo tan pequeño organizan sus escasos vecinos el último fin de semana de octubre , posiblemente la última marcha del calendaro btt
Hoy subiremos a la Font Blanca, partiendo desde un par de kilómetros por debajo de las pistas de esquí de Ordino Arcalís. Empezamos porteando remontando paralelos al rugiente río del Camí Vell.
En un collado a 2700 metros aparece a nuestra derecha, la pirámide cimera de la Font Blanca, recortándose como una aleta de tiburón. Tras las típicas felicitaciones, enfilamos el descenso por su cara suroeste que, con una nieve perfecta, nos permitirá disfrutar de una esquiada mantenida de 400 metros de desnivel y una pendiente de hasta 40º. Una auténtica maravilla.
Tras un descanso y contentos por semejante regalo emprendemos de nuevo el camino de regreso al collado precima,y de allí descender hasta los coches. El tiempo no nos permitiría más actividad , así que este será el broche final a mi temporada de esquí de montaña
Hoy salimos porteando de un precioso valle: la Coma de Ransol. Ascendemos porteando y dejando a la derecha el río "dels Meners"que baja con "buen trago" hasta que ponemos tablas en unos 30-40 minutos. Bordeamos el Estany de La Mina, llegamos al Coll de la Mina y con los esquis puestos hasta la cumbre,. a la que llegamos con una ventolera que levanta la boina. En la bajada hasta el collado intentamos mantener distancia de seguridad pues hay bastante nieve muy cargada de humedad. Después por nieve pudresca pero esquiable hasta el punto donde nos pusimos los esquis, los colocamos en la mochila y lloviendo, como estaba previsto hasta el coche
Una buena cuadrilla de veteranos esquiadores del Club Deportivo Navarra nos juntamos ,para muchos de nosotros, disfrutar las últimas esquiadas de la temporada. La incertidumbre en cuanto a la nieve es mucha, menos en cuanto al tiempo, pues seguramente hará malo, lo que nos obligará a aprovechar las ventanas que se presenten por la mañana.
Ariba, Kalku llega a la cumbre del Cataperdís, donde posamos todos debajo
Hoy empezamos con los esquís puestos en las pistas de esquí de Ordino. Nada mal para un 1 de mayo. Subiremos por la pista hasta su final, para luego, por una amplia pala, llegar a la cresta que separa los picos de Cataperdís y Arcalís. Al primero se sube andando por una cómoda cresta; al segundo, con pasos de mixto, a veces un poco expuestos. El tiempo nos hizo dudar: al empezar la cresta empezó a llover, luego paró, y volvió a llover arriba. Pero al final, el tiempo no respetó y bajamos esquiando otra vez hasta los coches. Lo dicho, nada mal para no ser de los macizos típicos de final de temporada.
Aquel bandolero del siglo XV, Sancho de Rota, o Sanchicorrota, o Sanchorota, seguro que se escondió en rincones como el Vedado de Eguaras ,por donde paso en esta ruta. Un valle escondido en El Plano, en la Bardena Blanca . Hasta hace muy poco era un vergel al que los sucesivos incendios han esquilmado, pero sigue siendo un bonito lugar. Posiblemente también subiría al otro punto importante de la ruta: la Punta de la Estroza, que tiene una de las mejores panorámicas de las Bardenas , resultando así un recorrido sencillo pero variado que recorre una parte de la Bardena Blanca
Hoy repito la primera edición de esta marcha BTT en Carcastillo, un pueblo “congozante” en el norte de La Bardena. El recorrido, en este caso el corto, me sorprendió mucho. Parece mentira que, en una zona tan árida, entre sus pinares, hayan encontrado sendas tan bonitas. Además, en esta época del año, la zona estaba especialmente verde.
Aunque el recorrido era corto, algunos tramos son bastante técnicos. Todavía me duele el costado después de salir volando tras un pequeño escalón. Algunas sendas, en ese momento, estaban totalmente tragadas por las ortigas. Una vez dentro, no se me ocurrió otra cosa que empujar la bici por delante, intentando apartarlas, pues me llegaban hasta el cuello. Menos mal que iba de largo y, para mi sorpresa, no he tenido mayores consecuencias tras ese tramo
Partimos entre las grietas del glaciar cubiertas de piedras, bajo la sombra de paredes inmensas por las que retumban aludes de rocas. Hay discusiones entre la guía y el cocinero/jefe de los porteadores sobre el camino a seguir, pero pronto , estos,nos demuestran que lo conocen muy bien.
Ascendemos, dejando atrás el glaciar. El aire se enrarece y cada uno lleva su mal de altura como puede. Alcanzamos el Paso Francés, a 5.300 metros. Allí, nuestra guía realiza su rito: se santigua de forma peculiar tres veces, da una vuelta al hito, reza y recoloca las banderas de oración. Un ritual que no entendemos, pero que respetamos en su solemnidad.
Postureo con el Dhaulagiri detrás
Desde aquí descendemos al Valle Escondido. Los glaciares quedan atrás. Todo es árido, inmenso. Las montañas y sus hielos se alejan. Bajamos rápido hasta las tiendas: aún dormimos a más de 5.000 metros. El frío cala hondo.
Campamento en el Valle Escondido
Al día siguiente subimos al Thapa Pass. El entorno es espectacular estamos rodeados de gigantes de siete y ocho mil metros. Los Annapurnas vigilan, eternos.
Los Anapurnas nos vigilan bajando a Yak Kharka
Descendemos por terreno nevado y niebla hasta Yak Kharka. Es la última noche en tienda. Menuda tarta de celebración nos regaló nuestro cocinero, no sabemos como pudo con tan pocos medios.
Marpha marca el regreso a la civilización.
Carreteras y coches. Un choque que hubiéramos preferido evitar.
Seguimos por el fondo de valle que forma el río Kali Gandaki, una de los más profundos del mundo . Primero por pista, luego entre arrozales. La etapa final nos regala millones de escalones cuesta abajo. Llegamos al final del trekking bendecidos con otro rito incomprensible para nosotros, ofrecido por la familia regente de un lodge. Y luego, el típico destartalado todoterreno que nos lleva de regreso a Pokhara.
En Katmandú, el viaje se cierra. El grupo se despide. Queda el recuerdo de la aventurilla vivida y los deseos de volver a compartir otras