Para muchas culturas las montañas han sido y son lugares sagrados. Tierras que separan naciones y unen pueblos, lugares donde el hombre percibe fuerzas que apenas entiende y que sintiendo su intensidad,"se siente" libre. Y así busca su fuerza, su energía, su placer, en las alturas, en los vientos, en los colores, en los otros. Compartiendo el mundo con los dioses...Y yo me incluyo.
He aquí algunos de esos momentos
Recuerdo de unos días de este verano en la Costa da Morte, adonde fuimos huyendo del calor y del turismo masificado, en busca de tranquilidad y buena comida.Y acertamos, como otras veces.
Lo recuerdo especialmente porque tengo muy presente el infierno que sufrirían unas semanas más tarde, con los enormes incendios que arrasaron una parte de Galicia. Una gran pérdida
Monte O Veladoiro
Cabo Finisterre desde la subida a O Veladoiro
Playa Langosteira
Desde el Faro de Fisterra
Arriba y abajo, Santuario de la Virgen de A Barca
Faro Vilán
Esta y las tres guientes, en el monte O Pindo, el Olimpo celta le dicen
Una escapada rápida a Galicia, al suroeste de Orense. Al rincón donde mugan
Zamora, Orense y Portugal. En un macizo muy extenso conocido como Pena Maseira.
Salgo del pueblo de A Mezquita por el Camino de Santiago.
Es una variante en la
que no me cruzo con nadie y que ahora es una alfombra de flores. Por la
parte más baja cruzo varias pequeñas y sencillas aldeas pero también
varias bolsas de agua en las que tuve que hacer virguerías para pasar.
Además tocó descalzarme un par de veces para, con la bici al hombro, vadear
arroyos con más de dos palmos de agua. La parte alta es monte bajo
que en esta época del año estaba a tope de retamas en flor contrastando con la
frondosidad rabiosa del fondo de estos valles.
Para finalizar la jornada,
comida en un restaurante popular de la zona, con enormes cantidades de comida, incluido
un “medallón” de “cachena”, la ternera típica del lugar. Buenísima carne que se
salía por los lados del plato. Fabuloso
Tras el viaje comentado en la entrada anterior por la costa de Tarragona y después de una pausa laboral continuamos viaje por la costa del Cantábrico. Nuestro objetivo es la comarca de la Mariña, la región costera de la provincia de Lugo, que en esos momentos aún estaba confinada por el coronavirus. Ya lo arreglaríamos sobre la marcha. Y así lo hicimos,desde la autopista vimos la playa de Vindiago y allí que nos fuimos.
Playa Vidiago,Ribadesella
E mpezando el viaje en la costa occidental de Asturias. Pasamos luego a la costa de la Mariña lucense, con bonitas playas, nada de turismo y una fabulosa gastronomía, que ya es decir viniendo de Asturias.Superò nuestras expectativas. Continuamos por la costa atlántica de la Coruña pero empezando desde el Ferrol hacia el norte, visitando de paso el interior.Allí vimos otro tipo de playas, pequeñas o grandes, pero en todas la naturaleza nos recordaba quién manda. Con días de viento y de gran oleaje pero también de espectaculares anocheceres y una luz y color que hacían entender porque es tierra de meigas y de leyendas de ánimas en pena. Finalmente recordando el buen clima de la Mariña lucense volvemos otra vez, cerrando el círculo con pena antes de volver a casa
Alrededores de Lastres
Playa de los Rodiles
Maravillas del mar
Playa de las Catedrales. Ribadeo
Bajamar en la Playa de las Catedrales
Rinlo. En la Mariña lucense
la buena vida
Mirador Monte ventoso (Ferrol)
Playa de Ponzos. Ferrol
Mirador de Punta Sarridal
San Andrés de Teixidó. Mítico lugar para los gallegos