La ascensión por esta variante la he hecho varias veces con esquís, e incluso con nieve a patita, antes de que me diera por esto del esquí de travesía. La había despreciado por la presencia de las pistas de esquí. Sin embargo, me sorprendió agradablemente, pues, una vez que se suben esos primeros metros, no hay tanta basura ni tanto hierro como en otras estaciones. Y el entorno, en la mitad superior, es más agreste de lo que me imaginaba.
Fue, además, una ascensión solitaria. En la cumbre estábamos cuatro pelados, mucha menos gente de la que puede haber cualquier día de invierno, una gozada.
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