Para muchas culturas las montañas han sido y son lugares sagrados. Tierras que separan naciones y unen pueblos, lugares donde el hombre percibe fuerzas que apenas entiende y que sintiendo su intensidad,"se siente" libre. Y así busca su fuerza, su energía, su placer, en las alturas, en los vientos, en los colores, en los otros. Compartiendo el mundo con los dioses...Y yo me incluyo.
He aquí algunos de esos momentos
La tercera noche la paso intranquilo. Las distintas webs dan lluvia todo el día y la ruta de hoy, además, discurre en su mayor parte por encima de los dos mil metros. Incluso me planteo cancelarla. Así amanece lloviendo en Espui, pero no me queda otra. Desayuno y deja de llover. Desconfiado arranco para arriba. Me toca subir al Coll de Triador, mil metros de ascenso por pista en 12 kms, en los que, contra todo pronóstico, aparece el sol. No me lo puedo creer. Voy subiendo dejando cada vez más abajo el pueblo de Espui, pero de forma cómoda consigo llegar al collado. Estoy a más de dos mil cien metros y se respira ambiente de gran montaña. Aquí me encuentro con una estatua en madera del logotipo de Pedales del Mundo. Tras las fotos de rigor empiezo el descenso por la vertiente contraria de la sierra. Pedaleo por la cabecera de verdes valles con grandes espacios abiertos que prometen unas bonitas horas de bicicleta. Pero me encuentro que el camino es arcilla y enseguida se me forman grandes tormos de barro que me bloquean la bici, obligándome a empujar o portearla, con los kilos que suponen el barro pegado y que casi me funden. Al final la arcilla pasa, y vadeando arroyos y tramos con suelo mezcla de arcilla, tierra negra y boñigas de vaca, la bici se va limpiando mientras el ambiente se hace más espectacular. De esta forma llego al Coll de la Portella (techo de la ruta, 2268 m) y al Coll de la Creu d’Eixol, donde se abre un horizonte de grandes montañas y donde empiezo a bajar a toda velocidad atravesando las pistas de esquí de Espot y más de 1.000 m de desnivel en 12 km, casi nada. Espot, donde me alojaría, es ya otra cosa: muchos hoteles, mucha gente y ambiente turista muy diferente a lo vivido hasta ahora.
Cuarto día y final. Tras unos pocos kilómetros en carretera, empiezo a unir senderos, a veces técnicos, con tramos de asfalto y pueblos con sus bonitas iglesias románicas. Paso por el Bosc de Gerdar, espacio protegido donde no se puede pedalear pero esto permite disfrutar más de este abetal de cuento.
Paso también por Alós d’Isil, que me recuerda aquellas transpirenaicas del Club Anaitasuna cuando era joven. Un largo tramo de carretera primero y de pista después me deja en Montgarri. Aquí me siento como llegado a otro planeta. Hay muchos coches, mucha gente y mucho ruido. No sé si será lo habitual en verano y, supongo, también tendrá que ver el paso por aquí de una carrera de montaña que debe ser importante. Queda ya poco, toca ahora una suave subida hasta el Pla de Beret. Nunca lo había visto sin nieve pero sigue siendo un bonito lugar. Empieza aquí un descenso larguísimo, en el que voy frenando para no asustar a los corredores con los que comparto camino. Y así, con pena y de una forma espectacular y divertida acabo la ruta en la misma oficina de Pedales del Mundo en Vielha. Fin
La Pedals de Foc puede ser la primera y desde luego es la
más conocida de la rutas de la franquicia Pedales del mundo. Desde
Viella (Vielha, nombre oficial en occitano) rodea el parque de Aigüestortes y
Sant Maurici.
En mi primer día amanezco con las nubes tapando las
montañas. El tiempo es dudoso aquí en Viella, donde me recoge un taxi que me
deja en la boca sur del túnel, junto al refugio de Conangles. Y para mi
sorpresa llueve, y mucho además. En estas condiciones y porque no me queda otra,
comienzo a pedalear chorreándome agua por todos lados. Vadeo un primer
arroyo que baja muy crecido, vadeo un segundo y un tercero, pero este cubre más
de lo pensado y el agua y las piedras me mandan a mi por un lado, a la bici por otro y el GPS por otro. Por un
momento pienso que se me ha acabado el viaje pero afortunadamente no pasa nada.
Un poco más adelante deja de llover, vuelve a llover a ratos y así, por
un técnico y mojado sendero, llego hasta al Coll de Sarreras, uno
de los pasos a la Val de Boí, con alguna
que otra caída por resbalón, muy aparente pero sin consecuencias. Continuo por una
bajada divertida pasando por pueblitos con esas iglesias románicas tan bonitas
que por algo son patrimonio de la UNESCO. Subida final al Coll y emita de Sant
Salvador, con vistas espectaculares para continuar sin contratiempos
hasta Castellars. Estoy solo en el alojamiento, imagino que por eso, me
trataron como a un marqués
Segundo día, hoy un
poco más corto. Para desayunar me espera una subida por pista al Coll de
Peranea, con más de 700 metros de
desnivel mantenidos, atravieso después algunos poblados pequeñitos en
mitad de ningún sitio hasta el último collado de hoy, el Coll d`Oli .Un curioso
pasaje lunar de tierra roja no ciclable que da paso a la Val Fosca y donde
comienza el descenso que me dejará en Espui