Ya sé que hago cosas muy sencillas, como la mayor parte de los montañeros-senderistas o turistas con pretensiones. Y por eso sabía que me iba a encontrar mucha gente en este monte. Pero nada me hacía imaginar lo que me encontré.
Después de subir por el valle de Canal Roya, donde solo me encontré algún montañero solitario, cuando llegué cerca de las cadenas, me topé con un atasco como los del Escalón Hillary. Había que hacer cola para poder pasar, yendo pegado al culo de otro, que, en mi caso, además, iba tirando piedras y tierra encima mía.
Al llegar arriba, de repente, de golpe y porrazo, llegó un denso enjambre de hormigas voladoras y, casi como en una película de miedo, nos hicieron salir a todos pitando.
Otra vez el atasco para bajar y ascender al Vértice de Anayet, esta vez con menos gente. En la punta apareció el mismo enjambre, impidiendo estar ni un minuto en la cima, ni para una foto.
Eso sí, después continué por la bajada de Las Negras, donde ya continué totalmente solo hasta el coche.
Conclusión: se pueden buscar rincones tranquilos en el Pirineo si buscas un poco, sobre todo que no salga demasiado en las redes sociales.
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