Para muchas culturas las montañas han sido y son lugares sagrados. Tierras que separan naciones y unen pueblos, lugares donde el hombre percibe fuerzas que apenas entiende y que sintiendo su intensidad,"se siente" libre. Y así busca su fuerza, su energía, su placer, en las alturas, en los vientos, en los colores, en los otros. Compartiendo el mundo con los dioses...Y yo me incluyo.
He aquí algunos de esos momentos
Y después de
subir al campo base del Manaslu, preciosa etapa donde sus 4800 m se hicieron
notar y donde descubrimos lo que es un campo base de gente con posibles (y
equipo de filmación), pues allí estaba el equipo de Hans Kammenlander que
intentó sin éxito el ochomil que le faltaba para coronar los catorce.
Al día
siguiente tendríamos una etapa corta a Samdo, a casi 3900 m donde daríamos un
corto paseo a un mirador para mejorar la aclimatación para el día
siguiente que tocaba la etapa reina, el
paso del Larke Pass.
Al final llega el día clave, salimos muy de noche,
a las cuatro de la mañana creo recordar, hace frío y el paso es lento, que la altitud obliga y debemos atravesar el Larke Pass, de unos 5300 m para bajar después a Bimthang a 3720 m, completando así una etapa muy larga.
El día resultó una maravilla, el paso tranquilo permitió disfrutar del amanecer y del
cielo limpio que nos recibió al llegar a Dharmasala, otro fin de etapa -que nos saltamos- en un
frío lugar formado por varias tiendas y un desvencijado lodge. Seguiremos por
un tendido sendero, impresionados por las verticales paredes de hielo que nos rodean y la
amplitud del lugar. Me acuerdo mucho de Félix, que intentó el Larkya Peak hace
unos años, preciosa montaña que ahora nos vigila. Lentamente llegamos al Larke
Pass, el momento es de alegría, el marco emociona pero hay que bajar, y
así en un largo descenso mirando las paredes inmensas del Himlung Himal que
tenemos enfrente y bordeados de espectaculares glaciares llegamos al final de
la etapa.
Los días
siguientes son ya de vuelta, el primer
día tras el Larke Pass los vivos colores del otoño nos acompañan, la vegetación y los rasgos de la gente también cambian,
llega de nuevo el calor y a pocos días del final coincidimos con las etapas del
Trekking de los Anapurnas. Mucha gente en dirección contraria y mucha pista, menos mal que se van abriendo
caminos alternativos que nos devuelven a los arrozales hasta llegar a la
civilización.
El Larke Pass se adivina al fondo
en el Larke Pass
Himlung Himal enfrente
bajando del Larke Pass
Así de majos son aquí los chavales
Queda disfrutar de Kathmandú, de Patan y Bhaktapur, de sus callejuelas y sus gentes. Y como no puede ser de otra forma ya empiezan a enredarnos la cabeza nuevas ideas de posibles planes, viajes y montañas…
Y de nuevo
aterrizo en Kathmandú, llego con mucha ilusión por los buenos recuerdos que me trae
esta tierra, sus gentes y sus montañas. También con cierta incertidumbre por como encontraría el país tras el terremoto de 2015. A primera vista la vida sigue
igual, el barrio de los guiris sí que estaba más limpio, más decorado y con más
policía también, de hecho no vi “niñosde la calle “que tan frecuentes eran. Las calles ya estaban adoquinadas,
el alcantarillado parecía finalizado e incluso ya había una calle peatonal rodeada
de edificios nuevos, imagino que habrían aprovechado los derrumbes y espero que
solo eso
Otra cosa es
cuando visitamos los lugares turísticos del centro de la ciudad, en todos se
cobra entrada, unos 10 euros, que se supone que ayudarían a la restauración de
monumentos. Durbar Square seguía siendo una bonita plaza pero tenía un punto
triste, edificios enteros brillaban por su ausencia, y del resto la mitad estaban
apuntalados, Swayambhunath tenía partes tapadas con andamios y alguna zona apuntalada,
Boudhanath y Pashupatinath no parecían estar dañados. Otra cosa era lo que
vimos callejeando entre los templos y fuera de Thamel (el barrio de los turistas), faltaban manzanas enteras y algunas estaban en lenta reconstrucción.
Para los que conocimos Kathmandú hace años es bastante impresionante, no me
puedo imaginar lo que pudo haber sido aquel gran terremoto ni sus réplicas posteriores
Siguiendo con el viaje, tras un día de turismo
y papeleo salimos en bus un grupo numeroso formado por guipuzcoanos, valencianos,
una gallega, una bilbaína, un catalán y yo, el navarro. Un viaje largo y en el
que pasamos mucho miedo al ver en muchas ocasionas por la ventanilla el río
muchísimos metros muy abajo sin apreciar casi el borde de la precaria pista de
tierra. Fue sin duda lo más peligroso de todo el viaje.Nos bajaremos en Arughat Bazaar, donde empezaríamos a andar el día siguiente.
Esta vez no
hay idea de cumbre, el punto más alto sería el Larke Pass, con escasos 5200 m
de altitud, es un viaje para disfrutar andando y contemplando.
En esta
primera mitad caminaríamos por las laderas del barranco que forma el Budhi Gandaki,
en un continuo sube y baja y paso de una vertiente a la otra. El camino atraviesa
constantemente la vida de los nepalíes, sus pueblos, sus trabajos en los
cultivos, la colada, los juegos de los niños y el continuo trajín de
portadores. Durante los 6 ó 7 primeros días caminamos ascendiendo lentamente
por este barranco, con el estruendo de fondo del río, hasta que al final se
hace el silencio al llegar a Samagaun. Este
es un punto importante pues desde aquí ascenderíamos al campo base del Manaslu,
a 4800 m, etapa importante de aclimatación para el próximo paso del Larke Pass.
Manaslu al amanecer desde Samagaun
impresionantes vistas subiendo al campo base del Manaslu
En esta primera
parte del trekking cambiamos de una zona casi selvática a cultivos de arroz y a
zonas de pastos, de cultura hindú a mezcla hindú-budista a puramente budista, llegando
al final a pueblos de rasgos tibetanos, con trajes, arquitectura y lengua ya también
tibetana El budismo en estas últimas etapas es omnipresente, templos, banderas,
ruedas y piedras de oración, shorten y puertas de entrada a los pueblos con
motivos budistas nos acompañaron casi a cada a cada paso