Hoy es mi último día de
bici por la Rioja. Y me despido saliendo de un lugar mítico para la Rioja y la
cultura en general. El monasterio de Yuso, un enorme edificio de cinco siglos
de existencia, pero con mil años de historia desde su fundación y “cuna de la
lengua”. Donde se encontraron los primeros textos en castellano y euskera (con
permiso para el euskera de la Mano de Irulegi, que puede cambiar mucho esta
historia).
Salgo así por la carrera
asfaltada que recorre el fondo del Valle del Río Cárdenas, preciosa con los
clores otoñales, para en un momento dado dar un giro brusco para tomar una
pista que sigue a media ladera la vertiente derecha del valle. La subida es
para recordar, por un precioso boque de hayas y el arroyo jugando a esconderse
en la gruesa capa de hojas. Por esta media ladera y con vistas a todo el valle,
llego hasta el pueblito de Pazuengos, en un rincón rodeado de colinas de curiosos
colores ocres y rojizos. Sorprendente y muy bonito lugar.
Continúo por buena pista hasta el lugar conocido con la Fuenfría. Ahora son todo pastos que me traen recuerdos de cuando estuve por aquí en la Ruedas de Lana. Toca el descenso, enseguida me meto en el hayedo, y pronto tengo otra vez problemas con los cazadores. Esta vez no son tan educados y se mosquean de verdad. Y otra vez los comentarios de “te la estás jugando", “no pases por aquí", hasta me suelta uno mientas pedaleaba lo más rápido posible para perderlos de vista y por mi seguridad: “con dos cojones”. Me arrepiento todavía de no haberme parado y habérsela liado.
Attiba y abajo, Pazuengos y su entorno |
Esta vez si hubiera cambiado la ruta, pero no conozco la zona y no tenía
ganas de empezar a enredar con el GPS. Era más seguro salir rápido, menos
mal que el hayedo y la senda final hasta el monasterio compensaron este mal
rato.
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